El factor humano: La tripulación
¿Qué es un barco? Para muchos es un conjunto de materiales —fibras, resinas, metales y maderas— que, como por arte de magia, la ingeniería ha dispuesto de tal manera que permite a las personas servirles de una utilidad, normalmente la de transportar bienes o personas de un lugar a otro. Para otros tantos, un barco, a pesar de ser un objeto inerte, es algo con alma. ¿Cómo es posible? ¿Qué le otorga alma, a los ojos de los marinos, a semejante amalgama de productos? Es algo digno de un estudio aparte, pero para mí, el alma la toma el barco de cada uno de sus anteriores dueños. Es como si cada capitán le dejara un trocito de su vida, y el barco al final midiera la calidad de su espíritu en función de la cantidad y la intensidad de las vidas pasadas. Podríamos concluir entonces, tras esta especie de tesis absurda, que sin las personas los barcos jamás tendrían alma.
¿Y quiénes son los que dan alma al Pelícano en esta nueva etapa de su vida? En este capítulo lleno de preguntas, creo que va siendo hora de que os presente, aunque sea de manera introductoria, a los integrantes del proyecto. Y digo de manera introductoria porque, con el paso del tiempo y la lectura de las próximas entradas de la bitácora, espero que se vayan desvelando las personalidades de cada uno de nosotros de una forma mucho más auténtica y orgánica. Al fin y al cabo, la convivencia en el mar no admite filtros; nos muestra exactamente tal como somos.
El "Soul" indispensable: Mila
Si hablamos del alma del barco en términos de calidez, equilibrio y carácter, tengo que empezar hablando de Mila. Mila es esa mujer que, siendo casi desconocidos, se embarcó conmigo para cruzar el Atlántico a vela hace ya más de diez años. Aquella magnífica aventura oceánica no solo forjó nuestro respeto por el mar, sino que colocó la primera piedra de lo que somos hoy, padres de la tripulación más exigente de nuestras vidas.
Además de una excelente compañera de navegación, Mila es la esencia pura de nuestro hogar flotante. Si en la ecuación de nuestra vida yo tiendo a representar la "Sal" —el rigor técnico, la analítica, la gestión del riesgo y la disciplina—, ella es el "Soul" indiscutible. Sin Mila, nuestra familia se parecería más a un regimiento de infantería del ejército de tierra que a otra cosa. Ella aporta la ternura, la empatía y la bondad que nos cohesiona a todos. Sin su presencia, los niños serían simplemente grumetes de un barco pirata en medio del Mediterráneo, desprovistos del alma y la consciencia que tiene que tener un viaje de estas características.
Alumnos de la mar: Pau y Lluc
Por otro lado, están Pau y Lluc. Niña y niño de siete y seis años que se han adaptado a la vida a bordo de manera completamente natural tras cinco años habitando el barco. De hecho, Lluc aprendió a caminar ya embarcado, manteniendo el equilibrio por la cubierta del Pelícano antes incluso de dominar el suelo firme.
Este viaje está diseñado por y para ellos; nace del propósito de abrirles los ojos y el alma a una forma de vida alternativa que pocas veces se tiene oportunidad de probar. Queremos que se sumerjan en el entorno natural, que respiren la historia de las civilizaciones antiguas que baña este mar, que socialicen con niños desconocidos en cada puerto y que aprendan el arte de la navegación al son del viento y las olas. El mar será su escuela más honesta.
Ellos tres son mi tesoro. Me siento un Capitán tremendamente afortunado por poder compartir estos meses con ellos de una manera tan directa, intensa y real. Pero, por otro lado, esa fortuna viene acompañada de una tremenda responsabilidad. Como responsable del proyecto, no solo asumo la seguridad física en cada travesía, sino el bienestar emocional y el aprendizaje de los cuatro como familia en todos los ámbitos. Un barco necesita ingeniería para flotar, pero necesita alma y una tripulación con un propósito claro para tener un destino.
Un domigo cualquiera en Cabrera.